Comportamiento de los gallos

Sí, dos gallos pueden convivir juntos. Nosotros los tenemos y lo hemos comprobado. Ahora bien, que puedan vivir en el mismo gallinero no significa que vayan a ser amigos ni que nunca vayan a pelearse.

En nuestro caso los dos se criaron juntos y durante bastante tiempo convivieron sin grandes problemas. La situación cambió completamente cuando uno enfermó, tuvimos que separarlo durante un tiempo y posteriormente intentamos devolverlo al grupo.

Respuesta rápida

Dos gallos pueden convivir si existe una jerarquía relativamente estable, suficiente espacio para evitarse y un manejo adecuado. El problema aparece cuando ambos quieren disputar continuamente la posición dominante o cuando el subordinado no tiene posibilidad de escapar.

Infografía sobre gallo dominante y gallo subordinado

La clave está en la jerarquía

Los gallos forman parte de la jerarquía social de la bandada. Cuando conviven varios machos suele acabar existiendo uno que ocupa una posición dominante y otro que queda por debajo.

Eso no significa necesariamente que estén peleándose todo el día. Cuando la relación está clara, muchas veces basta con que el subordinado se aparte cuando se aproxima el dominante.

Es exactamente lo que vemos actualmente con los nuestros. Si el gallo dominante se acerca demasiado a la zona donde está el otro, este último se marcha. Ya no acepta el desafío.

Una idea importante: dos gallos no necesitan ser amigos para convivir. Necesitan que exista un equilibrio que no termine en agresiones constantes.
Infografía sobre dos gallos criados juntos desde jóvenes

¿Ayuda que los dos gallos se hayan criado juntos?

Sí puede ayudar. Los nuestros se criaron juntos y durante esa etapa fueron estableciendo su relación dentro del grupo.

Dos animales que crecen juntos tienen la oportunidad de establecer progresivamente una jerarquía sin que uno aparezca de repente como un extraño dentro de una bandada ya formada.

Sin embargo, esto no es ninguna garantía absoluta.

La madurez, las gallinas disponibles, una enfermedad, una separación o un cambio en el entorno pueden modificar posteriormente esa relación.

Lo que ocurrió cuando tuvimos que separar a uno de nuestros gallos

En nuestro caso hubo un momento que cambió por completo la relación entre los dos.

Uno de los gallos enfermó y tuvimos que apartarlo durante un tiempo. Hasta entonces ambos se habían criado juntos y convivían dentro del mismo grupo.

Cuando intentamos volver a meter al gallo que había estado enfermo, el otro lo atacó inmediatamente.

Aquello ya no era simplemente una pequeña persecución para marcar distancias. La agresión fue muy seria y el gallo enfermo terminó dejando de enfrentarse mientras el otro continuaba atacándolo. Tuvimos que intervenir y volver a separarlos.

Una pelea de jerarquía no debe convertirse en una pelea hasta causar lesiones graves. Si uno no puede escapar o la agresión continúa aunque haya dejado de responder, hay que intervenir.
Infografía sobre cómo reintroducir un gallo después de haber estado separado

¿Por qué pueden pelearse al reintroducir un gallo?

Una separación puede alterar la situación social que existía previamente.

No afirmaría que el otro gallo simplemente lo haya “olvidado”. El problema es que, durante la ausencia, el equilibrio del grupo ha cambiado y la vuelta puede desencadenar una nueva disputa por la posición.

Mejor una reintroducción gradual

Si un gallo lleva tiempo separado, especialmente si hay antecedentes de agresión, es mucho más prudente permitir primero contacto visual mediante una malla o separación física antes de juntarlos directamente.

Y cuando se produce el contacto directo hay que observar qué ocurre y tener la posibilidad de volver a separarlos rápidamente.

Infografía para diferenciar una disputa de jerarquía de una pelea peligrosa entre gallos

Pelea de jerarquía o pelea peligrosa: cómo distinguirlas

Comportamiento Cómo lo interpretaría
Posturas de desafío Puede formar parte de la jerarquía
Persecución breve Puede ser una advertencia
Uno se retira y el otro para Jerarquía relativamente funcional
Ataque persistente Peligroso
Uno no puede escapar Hay que intervenir
Heridas o sangre Separación inmediata
Continúa atacando aunque el otro ceda Alto riesgo

El cambio a un gallinero más grande cambió nuestra situación

Posteriormente trasladamos a las aves a un espacio mucho mayor y decidimos probar otra vez.

Al reencontrarse, los dos gallos volvieron a enfrentarse. Sin embargo, esta vez el que había estado enfermo terminó cediendo claramente y dejó de plantar cara al dominante.

A partir de ahí se ha establecido un equilibrio bastante particular: pueden estar dentro de la misma instalación, pero intentan no coincidir demasiado.

Si el dominante entra en la zona donde está el subordinado, este último se aparta y se marcha. Como ahora dispone de mucho más espacio, puede hacerlo sin quedar atrapado.

Infografía sobre la importancia del espacio para que dos gallos puedan evitarse

El espacio puede ser decisivo para que dos gallos convivan

Esta es probablemente la lección más clara que hemos aprendido con nuestros dos gallos.

Un espacio mayor no hace desaparecer la jerarquía. Nuestro gallo dominante sigue siendo dominante y puede intentar atacar al otro si se acerca demasiado.

Lo que cambia es que el subordinado ahora dispone de distancia suficiente para retirarse.

Para nosotros, esta es la clave: el espacio no ha hecho que se lleven mejor; ha hecho posible que se eviten.

Si estás calculando la superficie de una instalación, puedes consultar también nuestra guía sobre cuánto espacio necesita una gallina dentro y fuera del gallinero.

¿Cómo saber cuál de los dos gallos es el dominante?

No necesitas observar una pelea grave para darte cuenta. Muchas señales aparecen en el comportamiento cotidiano.

  • Uno hace que el otro se aparte cuando se aproxima.
  • El subordinado evita determinadas zonas cuando está presente el dominante.
  • Uno inicia las persecuciones y el otro huye.
  • El subordinado ha dejado de aceptar determinados desafíos.

Eso describe bastante bien nuestra situación actual. Uno tiene una posición claramente superior y el otro ha aprendido a retirarse antes de que la situación escale.

Infografía con proporción orientativa de gallinas por gallo

¿Cuántas gallinas hacen falta para dos gallos?

Como referencia general suele hablarse de aproximadamente 8–10 gallinas por gallo, aunque no lo trataría como una regla matemática.

El número adecuado depende del carácter de los gallos, el tamaño de las gallinas, el espacio disponible y cómo se organiza el grupo.

Con muy pocas gallinas puede aumentar la competencia entre los machos y también la presión de monta sobre las propias gallinas.

Si quieres entender cómo interviene el gallo en la reproducción, puedes consultar cómo fecunda el gallo a la gallina.

¿Pueden convivir dos gallos sin gallinas?

En determinados grupos sí puede ocurrir. De hecho, al no existir gallinas alrededor puede reducirse parte de la competencia reproductiva.

Pero tampoco es una garantía. El carácter individual, la edad, el espacio y la jerarquía siguen siendo relevantes.

Y recuerda que si únicamente quieres huevos para consumo, ni siquiera necesitas tener gallo. Las gallinas ponen igualmente, como explicamos en si las gallinas ponen huevos sin gallo.

Cómo introducir o reintroducir dos gallos

Después de nuestra experiencia, yo no volvería a interpretar una reintroducción como si simplemente devolviéramos al animal al punto donde estaba antes.

1. Contacto visual primero

Una separación mediante malla permite que se vean sin poder atacarse.

2. Mucho espacio

El primer contacto directo no debería realizarse en una zona donde uno pueda quedar acorralado.

3. Varios puntos de agua y comida

Evita que un único recurso pueda monopolizarse con demasiada facilidad.

4. Vigilancia

Hay que observar si existe una persecución breve que termina o si la agresión sigue escalando.

5. Tener preparada una separación

Si uno no puede escapar o aparecen lesiones, la separación debe poder hacerse rápidamente.

¿Hay que dejar que dos gallos se peleen para establecer jerarquía?

No dejaría que una pelea continúe sin límite bajo la idea de que “tienen que arreglarlo entre ellos”.

Es cierto que puede haber desafíos, posturas, carreras o pequeñas persecuciones mientras se establece la posición de cada uno.

Pero si uno ya ha cedido y el otro sigue atacando, si no existe vía de escape o si aparecen heridas, la situación ya ha superado lo que yo consideraría razonable.

Lo aprendimos precisamente cuando reintrodujimos al nuestro después de la enfermedad: tuvimos que intervenir porque el enfrentamiento no se detenía por sí solo.

Infografía con señales que indican que dos gallos deben separarse

Señales de que dos gallos deberían separarse

  • Heridas frecuentes después de los encuentros.
  • Persecución continua durante buena parte del día.
  • Uno de los gallos no puede acceder con normalidad a comida o agua.
  • El subordinado permanece escondido continuamente.
  • El dominante sigue atacando aunque el otro se retire.
  • Uno queda acorralado sin posibilidad de escapar.
Si aparecen lesiones graves, no esperaría a ver si al día siguiente se llevan mejor.

¿Puede un gallo matar a otro?

Sí. Una pelea grave puede provocar lesiones muy serias y llegar a ser mortal.

Por eso no trataría todas las peleas como una escena normal de jerarquía.

Nuestro propio caso estuvo cerca de convertirse en algo muy grave porque el dominante continuaba atacando mientras el otro había dejado prácticamente de responder.

Las espuelas, los picotazos y los golpes pueden causar heridas importantes, especialmente cuando uno no tiene una salida.

Cómo saber si la convivencia entre dos gallos está funcionando

Yo no buscaría que estén continuamente juntos. De hecho, en nuestra situación actual la convivencia funciona precisamente porque mantienen cierta distancia.

Buena señal

El subordinado puede retirarse y el dominante deja de perseguirlo.

Buena señal

Ambos pueden comer, beber y descansar con normalidad.

Mala señal

Las persecuciones aparecen continuamente sin permitir al otro relajarse.

Mala señal

Uno presenta heridas o vive permanentemente escondido.

El comportamiento territorial va más allá de las peleas

Los gallos también se comunican mediante posturas y vocalizaciones. El canto forma parte de su comportamiento social y territorial y no aparece únicamente al amanecer.

Lo explicamos con más detalle en nuestra guía sobre por qué cantan los gallos al amanecer, por la noche y durante el día.

Preguntas frecuentes sobre tener dos gallos juntos

Sí. Nosotros tenemos dos gallos juntos. La convivencia depende de su carácter, jerarquía, espacio disponible, número de gallinas y de que el subordinado pueda evitar al dominante.

Sí. Criarse juntos puede favorecer una jerarquía temprana, pero no garantiza que nunca haya enfrentamientos. La madurez, una separación o cambios en el grupo pueden alterar el equilibrio.

Puede desencadenarse una nueva disputa de jerarquía. Eso fue exactamente lo que ocurrió con nosotros después de separar temporalmente a uno por enfermedad.

No hasta cualquier punto. Puede haber desafíos y persecuciones breves, pero si uno no puede escapar, aparecen heridas o el ataque continúa incluso cuando el otro cede, conviene intervenir.

Sí. Una pelea grave puede producir lesiones importantes e incluso ser mortal, especialmente si el gallo subordinado no tiene posibilidad de escapar.

Como referencia suele hablarse de unas 8–10 gallinas por gallo, pero no es una norma absoluta. El espacio, carácter y comportamiento del grupo también importan mucho.

No elimina la jerarquía ni garantiza que nunca haya agresión, pero permite que el gallo subordinado mantenga distancia y pueda retirarse. En nuestro caso esto ha sido fundamental.

El subordinado suele apartarse cuando se acerca, evitar determinadas zonas o huir de una persecución en lugar de responder al desafío.

Conclusión

Nuestra experiencia demuestra que dos gallos sí pueden convivir juntos, pero la historia no termina ahí. Los nuestros se criaron juntos y aun así una separación temporal por enfermedad provocó después una pelea muy seria. Actualmente vuelven a vivir en la misma instalación porque existe una jerarquía clara y, sobre todo, porque el espacio permite que el subordinado se retire cuando aparece el dominante. No diría que se llevan bien: diría que han encontrado una forma de convivir sin enfrentarse continuamente. Y, para nosotros, esa diferencia es fundamental.